La epidemia de peste en Sanlúcar de Barrameda en el año 1569.

La peste de 1569 en Sanlúcar: una ciudad asolada por la muerte

En el verano de 1569 la ciudad había quedado desolada, como si de un cementerio se tratase. Por las desiertas calles de la villa sólo se veían deambular a algunos enfermos que, de manera desesperada, se acercaban a la iglesia mayor para recibir la extremaunción, como último acto de esperanza por salvarse. A las puertas de la parroquia, un devoto clérigo se afanaba en socorrer a aquellos moribundos sabiendo que su suerte estaba echada, ya que todos eran conscientes de que no había milagro que pudiera contra la peste.

Los enfermos de peste acudían desesperados a la puerta de la parroquia mayor, donde un sacerdote les daba la extremaunción.
Los enfermos de peste acudían desesperados a la puerta de la parroquia mayor, donde un sacerdote les daba la extremaunción. | Ilustración: José María Hermoso

El inicio de la epidemia de 1569

La ciudad de Sanlúcar de Barrameda, convertida en el antepuerto de Sevilla, fue desde el final de la Edad Media uno de los principales enclaves marítimos de la península. La apertura de las nuevas rutas comerciales con Canarias, y décadas después con América, provocaron en la villa un auge económico y demográfico1. La ciudad contaba con una población cercana2 a los 1.299 vecinos hacia 1571, cuando ya había sufrido los primeros estragos de la enfermedad.

En la Edad Media era bien sabido por las autoridades que tradicionalmente las epidemias llegaban a las ciudades importadas por los navíos, y en consecuencia los regidores locales mantenían un celoso control de los atraques en el puerto. Así, la conocida como peste de 1569 se encuadra dentro de las diferentes plagas que sufrió Andalucía occidental a partir de los inicios de la Edad Moderna. Desde el punto de vista médico, las actas no describen la sintomatología de la enfermedad; ésta se hacía especialmente virulenta en los meses más cálidos, cuando las temperaturas facilitarían la propagación de la infección. Dicho mal era transmitido por la pulga de la rata negra contagiada de la bacteria Yersinia pestis, que al picar al individuo producía unos bubones de color oscuro, dando lugar a fiebres altísimas3 hasta producir la muerte.

Desde la primavera de 1568, los rumores que llegaron a Sanlúcar sobre una nueva epidemia obligaron al consistorio —formado por Juan Ortiz, Alonso de Cordero, Antón Altamirano y el escribano Juan de Bolaños— a mandar vigilar los caminos. Así, en marzo de 1569, al tener noticias de muertes por pestilencia en El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, las autoridades sanluqueñas mandaron guardas a todos los caminos para evitar que el contagio llegara a la villa4, castigando también a aquellos que acogieran en sus casas a algún forastero.

Vigilantes a las puertas del camino de Sevilla (actual calle Sevilla), junto al Castillo de Santiago.
Vigilantes a las puertas del camino de Sevilla (actual calle Sevilla), junto al Castillo de Santiago. | Ilustración: José María Hermoso

Sin embargo, esto no evitó que llegara la plaga. El 1 de junio se reunieron en la Casa del Cabildo el corregidor mayor, Bartolomé de Aranda, el secretario Bolaños y Hernando de Guzmán. Al verse solos, mandaron al portero del ayuntamiento, José de Soto, que fuera a buscar al resto de regidores, regresando este media hora después afirmando que todos habían huido al campo por temor a la enfermedad5.

Recreación de la antigua Casa del Cabildo de Sanlúcar (Plaza de la Paz, frente a la parroquia mayor) en el siglo XVI.
Recreación de la antigua Casa del Cabildo de Sanlúcar (Plaza de la Paz, frente a la parroquia mayor) en el siglo XVI. | Ilustración: José María Hermoso
Jerónimo Sánchez de Carranza.
Jerónimo Sánchez de Carranza.

Para completar la historia, contamos con la descripción del caballero Jerónimo Sánchez de Carranza6 —quien fue gobernador de Sanlúcar en nombre de su patrón, el VII duque de Medina Sidonia, don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno—, el cual parece que permaneció en la ciudad, dejándonos un crudo relato de los acontecimientos:

Extracto de la obra De la Filosofia de las Armas y de su Destreza y la Aggression y Defensa Cristiana (Sánchez de Carranza, 1569).
Extracto de la obra De la Filosofia de las Armas y de su Destreza y la Aggression y Defensa Cristiana (Sánchez de Carranza, 1569).

Todos salieron al campo, huyendo de los solares donde nacieron y se criaron ellos y sus padres, considerándose sin remedio y sin consejo que bueno les pareciese, porque no los hay contra la ira de Dios. […] Se veían grupos de hombres, mujeres, niños, mozos, viejos y toda clase de gente andando, atónitos y pálidos por los campos. Otros, rabiando con el mal de la muerte, estaban tendidos en la tierra pidiendo que esta abriese sus entrañas y se los tragase, creyendo hallar en ella la piedad que sus padres e hijos les habían negado. […] Otros heridos del mal llegaban solos a la iglesia, recibían los sacramentos y se iban por su propio pie a morir, y huyendo de ellos quienes se los cruzaban por el camino (gran lástima de ver) como si fueran fieras rabiosas, y cerrándoseles las puertas de las casas de las calles por las que pasaban.

Las autoridades pensaban que la única manera de evitar la peste era cerrar la ciudad. Pero, como podemos imaginar, esta medida no servía de nada si a los enfermos no se les aislaba del resto de la población. Para ello, se utilizó una casa y huerta a las afueras, en los alrededores de la ermita de san Sebastián, para alojar a los pestilentes7, sirviendo además de cementerio.

Con la llegada de la primavera de 1570, nuevamente se produjo un repunte de la enfermedad. Ante el empeoramiento sanitario, la mayor parte de los habitantes decidieron abandonar rápidamente la villa para volver a refugiarse en los campos, quedándose de nuevo el consistorio en manos de un par de regidores. Así, con un pueblo abandonado por la mayor parte de sus habitantes y con un incremento de los gastos como consecuencia de la epidemia, el cabildo se vio incapaz hasta de pagarles el sueldo a los médicos (casos del doctor León y el licenciado Antonio Martínez Barba8).

La situación de los enfermos locales preocupaba a los regidores, no sólo por sus circunstancias personales, sino por que pudieran seguir propagando la enfermedad. Estos, como indicamos antes, fueron alojados primero en la ermita de san Sebastián, dándoseles luego cobijo en la de san Antón. La situación sanitaria obligó al ayuntamiento a realizar mejoras en el improvisado lazareto, primero colocando un brocal en el pozo y segundo mejorando el alcantarillado ya existente que evacuaba las aguas fecales hasta el arroyo de la Dehesilla9. Lo que sí parece confirmado es que, a partir de septiembre de 1570, o bien la enfermedad comenzó a remitir o bien el cabildo dejó de tomar medidas, ya que desde el mes de agosto hasta finales de ese año no se vuelve a mencionar la epidemia en las actas capitulares; las referencias a esta van desapareciendo, haciéndose alusiones únicamente a las deudas contraídas por el cabildo con los doctores o con las personas a las que se les tomó materiales para construir los hospitales10.

Además de a la desaparecida ermita y cementerio de san Sebastián, los enfermos de peste fueron llevados a la actual ermita y cementerio de san Antón. | Ilustración: José María Hermoso
Además de a la desaparecida ermita y cementerio de san Sebastián, los enfermos de peste fueron llevados a la actual ermita y cementerio de san Antón. | Ilustración: José María Hermoso

El final de la peste (1571-1572)

El nuevo año de 1572 trajo dos importantes noticias para Sanlúcar. Por un lado, la proclamación de la mayoría de edad del VII duque y su regreso a la villa, festejado con toda la solemnidad posible:

Fue acordado y tratado en este cabildo que, por la venida del duque nuestro señor, es presto que, para recibirle con la alegría y el regocijo que este concejo debe y suele hacer, será menester hacer construir un palco con algunos fuegos de artificios y otras cosas que convengan al adornado de las calles.

Por otro lado, la proclamación del final de la epidemia, que tuvo como acto central la celebración de la fiesta del Corpus Christi (la cual llevaba cuatro años sin realizarse debido a la falta de vecinos11).

Pero, ¿verdaderamente el reconocimiento del fin de la epidemia supuso el final del miedo a esta en los años siguientes? Parece que no, pues, como en los años anteriores, con la llegada del verano los regidores volverían a abandonar la villa12, lo que nos da una idea de que, aunque la enfermedad remitió, el miedo a su contagio siguió vivo.

De esta forma, la conocida como peste de 1569 fue una de las muchas que sufrió Sanlúcar durante la Edad Moderna, pero sin duda fue de las más graves. El miedo a la peste permanecería en la memoria colectiva de los sanluqueños, que simplemente con oír su nombre escapaban de la ciudad.


NOTAS:

  1. HERMOSO RIVERO, J.M.: “La epidemia de peste de 1569 en Sanlúcar de Barrameda. Un tiempo de crisis en la capital de los duques de Medina Sidonia”. En: In Medio Orbe (II): Personajes y avatares: actas del II Congreso Internacional sobre la I Vuelta al Mundo, celebrado en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) los días 20 y 21 de septiembre de 2017. Parodi Álvarez, M. (coord.). Sevilla: Junta de Andalucía: Consejería de Cultura, 2017, pp. 243-256.
  2. MORENO OLLERO, A.: Sanlúcar de Barrameda a fines de la Edad Media. Diputación de Cádiz, Comisión de Información y Publicaciones (ed.). Cádiz: Ingrasa, 1983, p. 118. ISBN: 84-500- 9233-7.
  3. LEÓN VEGAS, M.: “Incidencias de una crisis epidémica en Antequera: La peste de 1581-83”. En: Baética: Estudios de arte, geografía e historia. Málaga: Universidad de Málaga (UMA): Facultad de Filosofía y Letras, 2003, nº 25, pp. 547-574. ISSN 0212-5099.
  4. Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda (AMSB). Acta capitular del 20 de marzo de 1569, fol. 114 vº.
  5. Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda (AMSB). Acta capitular del 1 de junio de 1569, fol. 115 vº. Dicho episodio también es referido por CLIMENT BUZÓN, N.: Historia social de Sanlúcar de Barrameda: en busca de nuestro pasado. Asociación sanluqueña de encuentros con la historia y el arte (ed.). Sanlúcar: Imprenta Santa Teresa, 2007, vol. 1 (Del Luciferi Fanum al ocaso del Renacimiento), p. 303. ISBN: 978-84-933677-1-8.
  6. SÁNCHEZ DE CARRANZA, J.: De la Filosofia de las Armas y de su Destreza y la Aggression y Defensa Cristiana. Sanlúcar de Barrameda, 1582, fol. 271 vº-273 rº. Aunque parece ser que nació en Sevilla (1539), Jerónimo Sánchez de Carranza sirvió como gobernador de Sanlúcar, convirtiéndose después en gobernador de Honduras (1958-1594) y regresando finalmente a España como maestro de armas de la corte real, en Madrid, donde murió en 1600. Es venerado como uno de los maestros de esgrima más influyentes de la historia. Posiblemente completaría su obra De la Filosofia de las Armas… ya en 1569, aunque la primera impresión de esta no tuvo lugar hasta 1582.
  7. En las actas se mencionan varias veces las peticiones de algunos vecinos a los que el cabildo les había tomado algunas tablas con objeto de construir una casa para los enfermos de peste en la huerta de san Sebastián. Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda (AMSB). Acta capitular del 4 de julio de 1569, fol. 143 vº-150 vº.
  8. El licenciado Martínez Barba era el médico personal de los duques. VELÁZQUEZ-GAZTELU, J.P.: Catálogo de todas las personas ilustres y notables de esta ciudad de Sanlúcar de Barrameda. P. 310.
  9. Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda (AMSB). Acta capitular del 4 de julio de 1570, fol. 144 vº. Un año después se supo que la cuantía de la obras ascendió a 70 ducados que se debieron de pagar a Diego Pérez y a Francisco Maldonado (fol. 173 vº).
  10. Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda (AMSB). Acta capitular del 3 de agosto de 1572, fol. 170. En dicho acta se pide que se paguen los gastos en tablas, clavos y maderas de una casa en el pago de san Sebastián para los enfermos del mal de la peste.
  11. Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda (AMSB). Acta capitular del 10 de mayo de 1572, fol. 196 vº.
  12. Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda (AMSB). Acta capitular del 1 de mayo de 1572, fol. 198 rº.