Prisioneros españoles durante la Guerra de Cuba.

Rafael Hermoso Merino: un marino sanluqueño en la batalla de Santiago de Cuba (1898)

Decía Jean-Paul Sartre que cuando los ricos hacen la guerra son los pobres los que mueren. Posiblemente algo parecido debía de estar pensando el sanluqueño Rafael Hermoso Merino la mañana del 3 de julio de 1898. Con las primeras luces del día, el barco donde estaba destinado puso rumbo a la bocana del puerto de Santiago de Cuba, donde lo esperaba la marina norteamericana.

Rafael Hermoso Merino era uno de los 496 tripulantes del crucero Vizcaya el día en que la Armada Española, comandada por el almirante Pascual Cervera y Topete, fue derrotada en la batalla de Santiago de Cuba. Lejos de la crónica general de los hechos, ¿quién era este anónimo marinero? Según se recoge en su expediente militar, conservado en los archivos de la Armada1, Hermoso Merino había nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1873, fruto del matrimonio entre Luis y María Dolores. De oficio marinero, ingresaría en la Marina por cuatro años el 1 de enero de 1893, teniendo su primer destino en el crucero Navarra, donde recibiría una breve instrucción. Ese mismo mes pasaría al rol del cañonero-torpedero Martín Alonso Pinzón, donde permaneció hasta abril de ese mismo año para pasar a la dotación de la lancha cañonera Cuervo.

Rafael Hermoso Merino. | Foto: Archivo familiar
Rafael Hermoso Merino. | Foto: Archivo familiar

La campaña de Melilla (1893)

Según se describe en la documentación, Rafael Hermoso era un joven alto, de pelo negro, ojos pardos, nariz regular, de poca barba y de estado civil soltero. En el momento de entrar a servir en la lancha Cuervo, fondeada en Cádiz, en Melilla empezarían a gestarse los primeros enfrentamientos con las tribus rifeñas que conducirían a la llamada “Guerra de Margallo” o Primera Guerra del Rif. Dicho conflicto comenzó a finales de septiembre de 1893, cuando el gobernador de la ciudad, Juan García y Margallo, inició la construcción del fuerte de Sidi-Guariach en los terrenos colindantes con el mausoleo de un santón musulmán. Esta provocación condujo a que un ejército de más de 3.000 rifeños atacara el 3 de octubre la colonia española, defendida por una guarnición de 400 españoles. Durante el enfrentamiento, las baterías españolas impactaron contra una mezquita de las afueras, lo que provocó que los rifeños declararan la yihad.

En vista de la gravedad de la situación, el Gobierno movilizó al ejército en Andalucía, enviando además al acorazado Numancia junto con varias cañoneras entre las que se encontraban el Isla de Cuba, el Venadito y el Cuervo. Así, el mismo día 3 de octubre, al tener noticias del ataque, la nave partió desde el puerto de Málaga junto con un destacamento de 300 soldados de infantería con destino a Melilla en socorro de los asediados, transportando a 30 artilleros2. La cañonera Cuervo era una embarcación de unos 20 metros de eslora dotada con el único armamento de un cañón Hontoria de 9 cm.3, con 20 hombres a bordo comandados por el teniente de navío Manuel Pasquín y Reinoso. Aunque su finalidad era vigilar las costas, la prensa de la época prestó mucha atención a su travesía, ya que el comandante Pasquín era hijo del ministro de Marina.

El <em>Cuervo</em> durante la Guerra del Rif. | Foto: La ilustración española y americana (15 de octubre de 1893)
El Cuervo durante la Guerra del Rif. | Foto: La ilustración española y americana (15 de octubre de 1893)

De esta manera, con la llegada de nuevas tropas españolas, el enfrentamiento con los bereberes se limitó a pequeñas escaramuzas, mientras que el Cuervo fue destinado a llevar las comunicaciones a Málaga. En la mañana del 7 de octubre, la lancha cañonera salió del puerto de Melilla, y al pasar por el cabo de Tres Forcas fue emboscada desde la orilla por un grupo de bereberes4. En ese momento, el comandante decidió responder con el armamento del buque, lanzando unos 24 disparos junto con la fusilería, y resultando herido de una mano el marinero José Bernal Laboa. Meses después, cuando la situación en África se había pacificado tras los bombardeos de los acorazados españoles, el Gobierno español condecoró a la tripulación del Cuervo5, otorgando a Pasquín la Orden militar de María Cristina de Primera Clase. La Cruz del Mérito Naval con distintivo rojo sería para el contramaestre José García Alarich junto con los maquinistas, fogoneros y el artillero José García Correa. Al marinero herido, José Bernal, se le concedió la Cruz de plata al Mérito Naval y una pensión mensual de 7 pesetas. Al resto de la tripulación, que incluía al propio Rafael Hermoso, se les premió con una Mención de Honor.

Siguiendo con la carrera militar del sanluqueño, éste permaneció asignado a la Capitanía Marítima de Málaga, donde ascendió a cabo de mar de primera clase en 1896, y, según su expediente, en noviembre de ese año solicitó el reenganche provisional, siendo destinado a la sección de Intendencia de la Capitanía Marítima de Cádiz por un período de cuatro años6.

El contexto internacional: la segunda Guerra de Cuba (1895-1898)

Desde finales de la década de 1860, la isla de Cuba fue un constante foco de conflictos para el Gobierno español. La llamada Guerra de los Diez Años (1868-1878) supuso el inicio de una larga contienda donde España, azotada por la inestabilidad política interna, se esforzaba en mantener los últimos territorios del imperio colonial, que incluían Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

De esta forma, cuando en febrero de 1895 se dio el denominado Grito de Baire7, las autoridades no eran conscientes de la gravedad de la insurrección. Lo que se pensaba que debía ser una breve campaña de pacificación, obligó a España a enviar a la colonia a unos 240.000 hombres, siendo el mayor ejército colonial desplegado en un territorio. Durante los dos primeros años de la guerra se intentó vencer combinando medidas militares como la creación de las trochas —pequeños fortines desplegados por toda la isla— con políticas a favor de los insulares. Sin embargo, a pesar de la superioridad numérica y armamentística, el ejército español —que se enfrentaba a unos 50.000 insurrectos— sufrió miles de bajas, fruto de las enfermedades tropicales más que de los combates8.

Grosso modo, los Estados Unidos, con intereses políticos y económicos en Cuba, lanzaron un ultimátum a España para que pacificara su colonia antes del 1 de noviembre de 18979. Con la excusa de proteger sus intereses, el presidente McKinley buscaba un pretexto que le sirviera de casus belli para justificar la ocupación de la isla, algo conocido por la corona española desde hacía décadas. No en balde, desde mediados del siglo XIX Estados Unidos había lanzado varias ofertas económicas a España para comprar la “perla de las Antillas”, algo a lo que todos los gobiernos hispánicos se negaron.

El viaje del crucero Vizcaya a Nueva York

Volviendo a la figura de Rafael Hermoso, éste debió de ser destinado al crucero Vizcaya10 cuando hizo escala en Cádiz en octubre de 1897. Dicho buque, con 103 metros de eslora y 19,86 de manga, había sido botado en 1891. Armado principalmente con dos cañones Hontoria de 280 mm, transportaba una tripulación de 490 hombres y pertenecía a la clase de cruceros protegidos. Así, cuando zarpó de Cádiz el 27 de noviembre11, su primer destino fue la realización de unas maniobras cerca de Cartagena, para luego sumarse a la escuadra del almirante Cervera.

Conociendo las autoridades españolas las tensiones diplomáticas con el Gobierno norteamericano y que cualquier malentendido podría conducir a la guerra, el 31 de enero de 1898 zarpó del puerto de Cartagena el acorazado Vizcaya12 con destino al puerto de Nueva York. El motivo del viaje era realizar una visita de cortesía como gesto de buena voluntad con el Gobierno de los Estados Unidos, en respuesta al envío del buque norteamericano Maine a La Habana. Para tal fin, el capitán Antonio Eulate Fery escogió a los oficiales más destacados de la Armada13, que en su mayoría procedían de Galicia. Como demuestra el historiador Ángel Luis Cervera en su excelente monografía sobre la batalla de Santiago de Cuba, en la correspondencia del almirante Cervera ya se reflejaba la preocupación del marino por el desenlace fatal de la guerra como consecuencia del desastroso estado de la Armada Española.

Así, cuando el Vizcaya —con el capitán Eulate al mando— inicia su viaje, lo hace con graves problemas técnicos, tales como fallos en el cierre de los principales cañones y los fondos sucios. Con estas dificultades, y después de tres semanas de navegación donde el navío sufrió varios temporales, el Vizcaya llegó a Nueva York el 19 de febrero. Cuatro días antes había ocurrido el accidente del Maine en La Habana, donde fallecieron más de 200 marinos norteamericanos. Por tanto, lo que pretendía ser una visita de cortesía por parte de España se convirtió en un incidente diplomático. Con un clima hostil en el que la prensa norteamericana reclamaba tomar represalias contra España, se recomendó a los marineros españoles no desembarcar y marcharse lo antes posible. Siendo consciente de la tensión, el capitán Eulate tomó tierra para ser recibido por las autoridades estadounidenses, pero dejando dicho a sus oficiales que si no había regresado al atardecer abriesen fuego contra la ciudad de Nueva York14. Confirmado el clima de hostilidad, se suspendieron todos los actos protocolarios y, ante el temor a cualquier atentado contra el crucero, el Vizcaya puso rumbo a La Habana el 25 de febrero. Curiosamente, la imagen del buque saliendo del puerto neoyorquino es una de las primeras recogidas por el cinematógrafo sobre el conflicto.

El crucero Vizcaya, durante su estancia en Nueva York, con la bandera estadounidense. | Foto: Archivo Histórico Almirante Cervera (AAC)
El crucero Vizcaya, durante su estancia en Nueva York, con la bandera estadounidense. | Foto: Archivo Histórico Almirante Cervera (AAC)

Después de hacer escala en La Habana, donde fue recibido con vítores por la población, el Vizcaya se unió al Almirante Oquendo. Ambos navíos partieron hacia las islas de Cabo Verde para reunirse con el resto de la escuadra del almirante Cervera, ya con la certeza de un inminente conflicto con los Estados Unidos.

La batalla de Santiago de Cuba (3 de julio de 1898)

Cuando la Armada entró el 18 de mayo en la bahía de Santiago de Cuba, el propio almirante Cervera había comunicado a los capitanes de los buques las escasas posibilidades de vencer a los norteamericanos en un combate. No en balde, los seis buques españoles presentaban tales carencias que lo hacían vulnerables frente a la moderna flota de acorazados estadounidense. Uno de los ejemplos más llamativos era el del crucero Cristóbal Colón, el más rápido y único acorazado español, pero que había sido enviado a Cuba sin terminar de montarse sus cañones principales. Dicha situación fue denunciada por el propio almirante Cervera, respondiendo el Gobierno que el valor de los marinos españoles supliría todas las carencias como ya había ocurrido en el pasado.

Sin embargo, cuando el 31 de mayo15 apareció frente a Santiago la flota estadounidense bloqueando la ciudad, Cervera comunicó al Gobierno la imposibilidad de romper el cerco y la falta de recursos para resistir un asedio. Después de dos días de bombardeo yanqui sobre el castillo del Morro, en la noche del 2 de junio los norteamericanos enviaron el mercante Merrimac cargado de carbón y pólvora para bloquear la salida de la bocana y dejar encerrados a los barcos españoles. Sin embargo, los vigías dieron la voz de alarma, ordenándose al Vizcaya y a las baterías de la fortaleza abrir fuego sobre el mercante, hundiéndolo así antes de lograr su objetivo.

En respuesta al fallido intento de sabotaje, la flota del almirante Sampson, formada por diez buques, comenzó a bombardear la ciudad de manera ininterrumpida. Esto, junto con la llamada de socorro desde La Habana, obligó a salir a la escuadra española en la mañana del 3 de julio. Cervera y sus capitanes, sabiendo de lo inútil del enfrentamiento, intentaron salvar el mayor número de vidas, por lo que navegaron lo más cercanamente posible a la costa para que los supervivientes pudieran llegar a nado. Además, la dificultad de la estrechez de la bahía santiaguera obligó a que los barcos españoles tuvieran que salir en fila, lo que propició que la batalla se convirtiera en un ejercicio de tiro al blanco para los norteamericanos. De los seis navíos españoles, el primero en salir fue el Infanta María Teresa, comandado por el propio Cervera, que fue bombardeado por los cruceros Brooklyn y Texas.

El siguiente en presentar batalla fue el Vizcaya, donde estaba enrolado el cabo primero Rafael Hermoso. El capitán, Antonio Eulate, salió del puerto con el convencimiento de embarrancar la nave para salvar a la mayor parte de la tripulación. A todo vapor, el Vizcaya avanzó por la bahía realizando 150 disparos por la banda de babor16. A las dos horas de combate se vio rodeado por los acorazados Brooklyn y Oregon, que cañonearon al buque español, en cuya popa se produjeron varios incendios y explosiones interiores. Sobre el mediodía, el capitán Eulate comprobó que todas las baterías se encontraban inutilizadas y ordenó embarrancar el barco en los bajos del Aserradero, a unos 30 kilómetros de Santiago. Cuando se ordenó abandonar la nave sólo había un bote operativo, el cual se destinó al transporte de los heridos, mientras que el resto de la tripulación intentaba ganar la playa a nado, siendo atacados por los tiburones a la vez que eran tiroteados por los cubanos desde la orilla. Sin embargo, según recoge Cervera Fantoni17, al verlos llegar desnudos y heridos cesaron en su ataque e incluso les socorrieron. Sea como fuere, el Vizcaya perdió sólo a 70 de sus 345 hombres gracias a la maniobra del capitán Eulate, quien desde el primer momento intentó poner a salvo a la mayor parte de la tripulación.

Restos humeantes del Vizcaya durante la batalla de Santiago de Cuba. | Foto: Archivo Histórico Almirante Cervera (AAC)
Restos humeantes del Vizcaya durante la batalla de Santiago de Cuba. | Foto: Archivo Histórico Almirante Cervera (AAC)
Restos del Vizcaya tras la contienda.
Restos del Vizcaya tras la contienda.

El resto de la flota sufrió una desigual suerte en la batalla, contabilizándose un total de 323 muertos y 151 heridos18, siendo los buques más castigados el Almirante Oquendo, que recibió 61 impactos, seguido por el Infanta María Teresa, con 29, y el Vizcaya, con 28. Terminada la batalla comenzaría otro doloroso episodio: la reclusión de los supervivientes en un campo de concentración en los Estados Unidos.

El cautiverio en los Estados Unidos (julio a septiembre de 1898)

Rafael Hermoso sobrevivió a la batalla y fue deportado a los Estados Unidos. Sobre su cautiverio deja constancia el propio expediente militar con una escueta mención:

Fue hecho prisionero en el combate naval de Santiago de Cuba y llegó a los Estados Unidos a bordo en el transporte “San Luis”19.

Expediente militar de Rafael Hermoso Merino. | Foto: Archivo Central del Cuartel General de la Armada
Expediente militar de Rafael Hermoso Merino. | Foto: Archivo Central del Cuartel General de la Armada

Detrás de esta breve nota se esconden aspectos muy olvidados sobre los dos meses de cautiverio de los españoles en tierras estadounidenses. El 4 de julio, después de ser retenidos en la playa por los rebeldes cubanos, la mayor parte de la tripulación del Vizcaya fue embarcada en el USS St. Louis20, mientras que el resto de marineros españoles se repartieron entre el USS Harvard y el buque hospital USS Solace.

Durante los cuatro días que duró el viaje a los Estados Unidos, sólo pudieron subir a cubierta dos veces, lo que no mejoró las condiciones de salud de muchos enfermos. El día 10 fueron desembarcados en la isla de Seavey, cerca de Portsmouth (Nuevo Hampshire), mientras que el centenar de heridos y enfermos serían conducidos al Hospital Naval de Norfolk (actual Centro Médico Naval de Portsmouth). Gracias a la documentación facilitada por el Archivo de la Academia Naval de los Estados Unidos21 en Annapolis (Maryland), sabemos los nombres de los marineros que sufrieron la amputación de algún miembro, así como los que murieron22 en dicho hospital23.

El Camp Long —así se llamaba el campo de prisioneros en la isla de Seavey— estaba dividido en diez barracones de 30 metros de largo por 4 de ancho con capacidad para 150 hombres, donde las condiciones de vida eran duras. Hemos de tener en cuenta que este alojamiento se levantó de forma improvisada24, ya que las autoridades norteamericanas no fueron conscientes del número final de prisioneros que deberían albergar, y tuvieron que construirlo rápidamente. Como ejemplo de las carencias de esta prisión, la custodia de la misma estuvo a cargo de 130 infantes de marina que disponían de seis ametralladoras Gatling. Los propios norteamericanos eran conscientes de las insuficiencias del lugar, por lo que decidirían recluir a Cervera y a sus capitanes en la Academia Naval, en Annapolis, donde disfrutaban de unas condiciones de vida más acordes con su rango. En dicho lugar, Cervera y sus oficiales recibirían las visitas de los principales miembros de la colonia española del país. Sin embargo, cuando el almirante visitó el campo de prisioneros el 13 de agosto, denunció a las autoridades norteamericanas las penosas condiciones de vida a las que estaban sometidos sus hombres, lo que supuso algunas reformas en los días siguientes y nos da una idea de la buena voluntad de los militares estadounidenses.

Llegada del almirante Cervera al Camp Long, para ver sus hombres.
Llegada del almirante Cervera al Camp Long, para ver sus hombres.

De la vida en el Camp Long se conservan algunas fotografías. En una de ellas también se muestran a los presos españoles lavando sus escudillas en el río, distinguiéndose en un extremo, de pie, al sanluqueño Rafael Hermoso.

Prisioneros españoles en el Camp Long (Estados Unidos). Julio de 1898. | Foto: Archivo Histórico Almirante Cervera (AAC)
Prisioneros españoles en el Camp Long (Estados Unidos). Julio de 1898. | Foto: Archivo Histórico Almirante Cervera (AAC)
Rafael Hermoso, prisionero en el Camp Long.
Rafael Hermoso, prisionero en el Camp Long.

El hecho de que hicieran estas fotografías se entiende por la curiosidad que supuso para los habitantes de la zona la presencia de los presos españoles25.

Finalmente, el 31 de agosto se le notificó a Cervera que él y sus hombres serían liberados y repatriados sin condiciones, como parte del acuerdo de paz con España. En los días siguientes, Cervera gestionó personalmente la búsqueda de barcos para el regreso a la península. Así, el 8 de septiembre, el grueso de la marinería embarcó en varios vapores en el puerto de Norfolk, desde donde partirían hacia el puerto de Nueva York, para finalmente regresar a bordo del City of Rome al puerto de Santander. Gracias a los datos suministrados por Ángel Cervera Fantoni, sabemos que el marinero sanluqueño llegó a Santander el 19 de septiembre, pidiendo matrícula para volver a Sanlúcar de Barrameda.

Rafael Hermoso, práctico de la barra del Guadalquivir

Como explica Cervera Fantoni, después de regresar a la península, la mezquindad de las autoridades para la concesión de pagas e indemnizaciones26 supuso que muchos optaran por abandonar la Armada y buscarse un sustento en otras profesiones. Desconocemos por ahora desde el punto de vista documental cuáles fueron las circunstancias que llevaron a Rafael Hermoso a abandonar la carrera militar. Según los recuerdos familiares, durante muchos años ejerció como práctico de la barra del Guadalquivir. De esta forma, una noche en la que se disponía a atender a un barco, tuvo un accidente con su bote que le supuso permanecer en el agua hasta el amanecer. A consecuencia de la hipotermia, padeció una dolencia cardíaca por la que falleció en su casa del Carril de San Diego nº 18 (actualmente, nº 48) en 1930, dejando a su esposa, Rosario Gil Batista, y a dos hijos de apenas 10 años: Rafael y José María.

Rafael Hermoso, con sus hijos Rafael (izquierda) y José María (derecha), en el comedor de su casa. | Foto: Archivo familiar
Rafael Hermoso, con sus hijos Rafael (izquierda) y José María (derecha), en el comedor de su casa. | Foto: Archivo familiar

Como afirma el escritor Arturo Pérez-Reverte, los auténticos héroes son silenciosos. Así, la participación de Rafael Hermoso en la Guerra de Cuba fue ocultada, llegando a ser desconocida incluso para su propia familia. Posiblemente, la experiencia debió de ser tan traumática que el sanluqueño optaría por olvidarla; quizás porque él, mejor que nadie, sabía que no hay nada de glorioso en la guerra, sólo dolor y muerte.


NOTAS:

  1. Archivo Central del Cuartel General de la Armada (AGA). Expediente militar de Rafael Hermoso Merino.
  2. Diario El imparcial. 4 de octubre 1893.
  3. ESQUEMBRI, C. (27 de octubre de 2012): “El ataque al cañonero Cuervo. 7 de octubre de 1893”. Historias de la Melilla marinera. Recuperado del blog Melilla marinera
  4. Diario La Correspondencia de España. 9 de octubre de 1893.
  5. Diario La Correspondencia de España. 21 de diciembre de 1893.
  6. Archivo Central del Cuartel General de la Armada (AGA). Expediente militar de Rafael Hermoso Merino.
  7. FONER, P.S.: La guerra hispano-cubano-americana y el nacimiento del imperialismo norteamericano (1895-1902). Volumen 1: 1895-1898. Colección Manifiesto. Madrid: Ediciones Akal, 1975. Pp. 49-50. ISBN: 8473390644.
  8. VILLARES, R.; MORENO, J.: Historia de España (Vol. VII): Restauración y dictadura. Historia de España. Fontana, J. (dir.); Villares, R. (dir.). Barcelona/Madrid: Crítica/Marcial Pons, 2009. Pp. 277-279. ISBN: 9788416771080.
  9. GÓMEZ, L.: La odisea del almirante Cervera y su escuadra: batalla naval de Santiago de Cuba, 1898. Madrid: Biblioteca Nueva, 2001. Pág. 120. ISBN: 9788470309335.
  10. En el expediente militar no se recoge este nuevo destino, posiblemente porque dichos documentos se perdieron cuando en la década de 1970 el Archivo Naval de San Fernando ardió. Sin embargo, el sanluqueño sí aparece en otros documentos como integrante de la tripulación del Vizcaya: foro Todo Avante
  11. Diario La Correspondencia Militar. 23 de noviembre de 1897.
  12. Mi más sincero agradecimiento a don Ángel Luis Cervera Fantoni, bisnieto del almirante Pascual Cervera y Topete, por la ayuda prestada para la redacción de este trabajo, así como por el material gráfico facilitado. CERVERA, A.L.: El desastre del 98 y el fin del imperio español: visión inédita del almirante Cervera. Madrid: Biblioteca Nueva, 2016. Pág. 133. ISBN: 9788416647385.
  13. EULATE, C.: La España heroica y la América magnánima: estampas de la guerra naval de 1898. Madrid: Editorial Naval, 1951. Pág. 11.
  14. EULATE, C.: La España heroica y la América magnánima: estampas de la guerra naval de 1898. Madrid: Editorial Naval, 1951. Pág. 15.
  15. CERVERA, A.L.: El desastre del 98 y el fin del imperio español: visión inédita del almirante Cervera. Madrid: Biblioteca Nueva, 2016. Pág. 151. ISBN: 9788416647385.
  16. GÓMEZ, L.: La odisea del almirante Cervera y su escuadra: batalla naval de Santiago de Cuba, 1898. Madrid: Biblioteca Nueva, 2001. Pp. 224-225. ISBN: 9788470309335.
  17. CERVERA, A.L.: El desastre del 98 y el fin del imperio español: visión inédita del almirante Cervera. Madrid: Biblioteca Nueva, 2016. Pág. 168. ISBN: 9788416647385.
  18. CERVERA, A.L.: El desastre del 98 y el fin del imperio español: visión inédita del almirante Cervera. Madrid: Biblioteca Nueva, 2016. Pág. 164. ISBN: 9788416647385.
  19. Archivo Central del Cuartel General de la Armada (AGA). Expediente militar de Rafael Hermoso Merino.
  20. ESCRIGAS, J.: “El niño náufrago (parte I). Fotografías con historia.” En: Revista General de Marina, vol. 265, mes 5 (diciembre), 2013, pp. 908-918. ISSN: 0034-9569.
  21. Documentos de la Academia Naval de los Estados Unidos. Grupo de documentos 405: División de colecciones y archivos especiales. Biblioteca Nimitz de la Academia Naval de los Estados Unidos (Annapolis, Maryland). Mi agradecimiento a Adam Minakowski, de la Biblioteca Nimitz, por su ayuda para la elaboración de este trabajo.
  22. Gracias al historiador Joseph J. Glückert, conocemos la lista de los 31 españoles que murieron en el hospital de Portsmouth. Sus restos se trasladaron años después a Cádiz. Mi agradecimiento a Joseph J. Glückert, del Astillero Naval de Portsmouth, por su ayuda para la elaboración de este trabajo.
  23. De los diez marineros del Vizcaya hospitalizados, solo falleció José Delgado Sánchez.
  24. GÓMEZ, L.: La odisea del almirante Cervera y su escuadra: batalla naval de Santiago de Cuba, 1898. Madrid: Biblioteca Nueva, 2001. Pág. 256. ISBN: 9788470309335.
  25. ESCRIGAS, J.: “El niño náufrago (parte I). Fotografías con historia.” En: Revista General de Marina, vol. 265, mes 5 (diciembre), 2013, pp. 908-918. ISSN: 0034-9569.
  26. CERVERA, A.L.: El desastre del 98 y el fin del imperio español: visión inédita del almirante Cervera. Madrid: Biblioteca Nueva, 2016. Pág. 194. ISBN: 9788416647385.